Ni el vidente, ni la séptima visita del equipo de Antropología Forense pudieron dar con los Gill

Un nuevo intento, este lunes, por develar el misterio de la desaparición de la familia Gill terminó en frustración: en su séptima visita a la provincia del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) por dar con los restos de los cinto integrantes de una familia cuyo rastro se perdió para siempre en el verano de 2002, arrojó resultado negativo.

Hasta la estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima, departamento Nogoyá, llegó el juez de la causa, el titular del Juzgado de Garantías y Transición de Nogoyá, Gustavo Acosta, y el antropólogo del EAAF Juan Nóbile, más el acompañamiento de maquinarias de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV) y el apoyo de la Policía de Entre Ríos. Acosta tiene la causa por averiguación de paradero de los Gill desde 2015, y trabaja en todos los rastrillajes junto a María Delia Gallego, la abuela de los cuatro niños: María Ofelia, de 12 años al momento de la desaparición, Osvaldo José, de 9, Sofía Margarita, de 6, y Carlos Daniel de 2. Desde hace dos décadas nada se sabe de ellos, ni de sus padres, Rubén “Mencho” Gill, en 2002 de de 55 años y su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26.

La última pista que había seguido la Justicia la aportó un contratista rural que conoció en vida a Rubén Gill. En febrero de 2018, el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, que ahora tiene la causa, caratulada “averiguación de paradero”, encabezó un operativo en la estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima. Fue a partir de los datos aportados por Armando Nanni, un testigo que apareció tras la muerte del dueño del campo, Francisco Goette, en 2016, y que está convencido de que los Gill están muertos y enterados en el mismo lugar adonde vivieron, la estancia de Crucesitas Séptima.

En octubre de 2017 hubo un allanamiento a la estancia, y Nanni marcó dos lugares posibles. La Justicia contrató a una empresa especializada en excavaciones, que el 5 de febrero de 2018 comenzó la tarea, pero al final de varios días de faena no encontró sino restos de animales muertos.
“Quito” Villanueva, que vive frente a La Candelaria, propiedad de Alfonso Francisco Goette, cree haber visto al “Mencho” Gill cruzando a caballo el lunes 14 de enero de 2002, y eso contó en la Justicia de Nogoyá. La declaración de Villanueva es otro dato clave: es el último que vio a Gill con vida.

El propietario de la estancia La Candelaria y patrón de los Gill, Alfonso Francisco Goette, murió en un accidente de tránsito. Fue la noche del jueves 16 de junio de 2016. Una mala maniobra provocó la salida de la ruta, el despiste y el vuelco de la camioneta Nissan Frontera que conducía el hombre, entonces de 70 años. Las heridas producidas en aquel vuelco, ocurrido en la intersección de las rutas 32 y 35, lo llevaron a la muerte.
La muerte de Goette produjo un giro inesperado en la causa. Armando Nanni, un contratista rural de Tabossi, que supo realizar trabajos de siembra en el campo de Goette, y que conocía a “Mencho” Gill, se animó entonces a hablar.

Nanni no había querido hablar antes por “miedo” a Goette. Pero con Goette muerto, acudió a los Tribunales de Nogoyá, y habló con el magistrado a cargo de la causa, el titular del Juzgado de Transición, Gustavo Acosta.

Y dio un dato: que los Gill no se fueron de viaje ni están en otra provincia sino que podrían estar en el mismo lugar donde siempre, la estancia La Candelaria. Muertos. Y enterrados.

Este lunes se siguió la pista que dio un nuevo testigo, que pidió reserva de su nombre. Dijo haber visto una excavación en la parte norte del campo, donde cruza un arroyo. El testimonio de este testigo es que allí Gill realizó una excavación por orden del dueño de la estancia La Candelaria.

Tampoco allí había resto de los Gill.

Fuente: Entre Ríos Ahora

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